“El refugio de los fantasmas según algunos” en colombia


Las visitas que llegaban los domingos al hotel El Refugio del Tequendama han desaparecido pues la única presencia que recibe este lugar es la de misterios y almas en
pena que residen en el hotel que algún día fue el epicentro turístico de preferencia de los bogotanos.

Por: Tatiana Buenaventura Castillo

El lago de los muertos
Esta imponente cascada, a 30 kilómetros al suroeste de Bogotá, encarna las tentaciones de Dios y fue la tumba definitiva de muchos desesperados hasta el 22 de Enero 1941. Ese día, por primera vez, se logró recuperar un cadáver de este cementerio natural: “gracias a esta forma de suicidio, las familias de los desdichados se ahorraban los costos del entierro, pues la caída garantizaba una desaparición total”; escribió en 1941 el cronista judicial Felipe González Toledo.

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Los responsables de cambiar la historia fueron los conductores de los Taxis Rojos –una de las primeras flotas del país– quienes, tras una aventura de nueve días, lograron recuperar el cuerpo de su colega Eduardo Umaña.  En su primer intento llegaron solo a 20 metros de la cascada, pero “las aguas revueltas, convertidas en espuma, se levantaban en medio del ensordecedor estruendo y era materialmente imposible dar un paso adelante”, cuenta una crónica sobre el evento en el El Tiempo de 1941.
Cuando regresaban rendidos ante este primer fracaso, Jorge Bejarano, compañero y uno de los mejores amigos del suicida, intentó saltar en seis ocasiones. Sus colegas tuvieron que detenerlo y ponerlo en manos de la policía. Resultó que Bejarano tenía un pacto de muerte con Umaña: ambos se matarían con un día de diferencia.
En un segundo intento estuvieron mucho más cerca. En este, tuvieron que andar desnudos pues “los vestidos de baño quedaron hechos jirones cuando sólo habían recorrido unos ciento veinte metros”, narró el periodista de la citada crónica. Con ayuda de cuerdas llegaron hasta el Lago de los Muertos, donde se formaba un fuerte remolino. En este punto, según dijo el diario, había “una absoluta soledad, poblada solo por el ruido tormentoso de agua despeñada y por el permanente olor a cadáver en su putrefacción”.
Pese a la bruma, los conductores lograron ver un bulto que aparecía y desaparecía, revolcándose dentro del agua. Uno de ellos decidió acercarse. En cuestión de segundos, tuvo que pedir ayuda a sus compañeros pues “la respiración se hacía imposible y la asfixia lo congestionaba y además se le cerraban los ojos”. Los taxistas  pensaron que se acostumbrarían al olor a carroña, pero no fue así. Nuevamente tuvieron que regresar con las manos vacías pero con la seguridad de que ese era el cuerpo de su colega pues dedujeron que el de la camarera Teotilde Acevedo, la suicida inmediatamente anterior a Umaña, ya estaría muy descompuesto.
Solo hasta el noveno intento lograron rescatar el cadáver de Umaña. “Se encontraba totalmente desnudo; únicamente conservaba una media y un pedazo de zapato… la corbata la tenía fuertemente anudada a los ojos y estaba adherida a la piel”, describió la crónica periodística de 1941. Una herida en la frente daba pistas del golpe final. Tanto el suicida como los expedicionarios fueron recibidos como héroes en la capital. Aplauso merecido pues es una hazaña que incluso hoy resultaría difícil.

El frio, la niebla, los malos olores y la soledad se han adueñado del Salto de Tequendama, epicentro turístico del municipio de Soacha, Cundinamarca, a hora y media de la capital. Al lado del Salto está ubicado un viejo edificio de 5 pisos, construido sobre un peñasco, inaugurado en 1928 prestando el servicio de hotel: “El Refugio de Tequendama”

Debo confesar que dude varias veces antes de entrar a la casa, pues su apariencia desertada y sucia no generaba en mí amplia confianza para ingresar. Antes de iniciar mi viaje me había documentado acerca de la ubicación y la historia de Refugio de Tequendama y me encontré con varias historias terroríficas acerca de este antiguo hotel, las cuales no me hicieron sentir muy a gusto cuando arribé al sitio.





Luego de haber recorrido un poco más de 90 minutos desde Bogotá por fin llegué a la famosa casa rosada de cinco pisos con ventanales blancos, de los cuales muchos de estos no tenían vidrios. Pero cuando comencé a acercarme a la inmensa mansión cambio toda la imagen que me había proyectado al contextualizarme acerca de este sitio.

Del diseño arquitectónico italiano, lleno de minuciosos detalles no queda más que un simple recuerdo pues día a día el Hotel Refugio de Tequendama se desmorona lentamente. Dentro de sus paredes las grietas y humedades hacen constante presencia. José Ignacio Pareja, habitante del hotel, ha tenido que reconstruir la escalera varias veces pues hace un tiempo se cayó un pedazo de techo el cual daño la escalera principal.

Unos minutos después de haber detallado el antiguo hotel desde afuera, salió José Ignacio Pareja, celador del Refugió quien se le ha medido a cuidar este abandonado monumento durante varios años quien me comentó que varios celadores han sido ahuyentados por la presencia de ruidos y almas extrañas en la casa. Este llanero fue quien me relato la historia de todas aquellas celebridades de la sociedad colombiana quienes visitaron la mansión en sus tiempos de gloria.


Son pocas las personas las que se han atrevido a cuidar de esta casa entre estos pude conocer a Jairo Bernal quien cuidó el hotel del Salto durante 8 años. Este hombre cundinamarqués ha presenciado los múltiples suicidios de las personas que han llegado al Salto. “Al principio me daban muchos nervios pero con el tiempo me acostumbré”. Este campesino, alcanzó a presenciar hasta 10 muertes al día donde la mayoría de suicidas se quitaban la vida por amor. Cuando me relató esta enorme cifra me pregunte cómo podía dormir sin temer a que estas almas en pena le perturbaran sus noches de sueño.

Finalmente accedí a ingresar al misterioso hotel, en el cual prefería no permanecer mucho tiempo, pues su apariencia oscura, fría y mal oliente seguían provocándome duda y un poco de miedo. El primer piso es el más oscuro, pues este se encuentra introducido en la montaña y se puede observar el Tequendama y la naturaleza que lo rodea.




Quienes han visitado el hotel afirman que al entrar al Refugio del Tequendama es frecuente oír pasos en la madera, ver rostros que se asoman por las ventanas y voces desconocidas. La música de las grandes orquestas que tocaban los domingos ha sido remplazada por voces, niños llorando, gritos y chillidos de puertas y ventanas. La providencia de estos ruidos aún no se conoce pero se dice que son almas en pena que habitan en el hotel. Personalmente no oí ninguno de estos sonidos porque estoy segura que mi miedo no me hubiera dejado llegar tranquila de vuelta a la capital.


A relativamente menos de 500 metros del Salto se encuentra la vereda San Francisco, allí reside Julia Abello, una anciana campesina quien recuerda con nostalgia la época de esplendor que vivió este prestigioso hotel donde constantemente era visitado por los turistas de todas partes del país y del extranjero, quienes viajaban los domingos en tren para llenar las 15 habitaciones que hacen parte de esta lujosa mansión.

Al finalizar mi recorrido por el Refugio del Tequendama y sus alrededores fui entendiendo las razones por las que este sitio turístico que hasta hace 80 años era el lugar de preferencia donde varias celebridades colombianas pasaron su luna de miel y era símbolo de mayor orgullo para los colombianos en los años 50, ya no residía constantemente en la memoria de los turistas

La contaminación del rio Funza, más conocido como el río Bogotá, los múltiples suicidios y las escalofriantes historias de terror que alimentan la fantasía de este hotel han hecho que los turistas no se atrevan a bajarse en el kilómetro 30 vía Mesitas.

De los propietarios se sabe muy poco, solamente que estos residen en Bogotá pero nunca han querido darse a conocer ni brindar entrevistas. Actualmente el hotel se encuentra en proceso de restauración para ser considerado patrimonio nacional sin embargo el necesario invertir un alto presupuesto. Mientras se logra reestructurar este lugar, el Hotel El Refugio de Tequendama seguirá siendo visitado por los únicos habitantes que se atreven a entrar a este lugar; Las Almas en pena que rodean el sitio.



Tomado de hotelolvidado.blogspot.com.co